Rodolfo Orozco, Lo que duden las palabras, editorial Al gravitar rotando, 2013,México.

Libros 24 de julio de 2021 Por ATILIO ROMANO - Escritor - Prof. de Literatura
Agosto va marcando su fin, el verano estira más su agonía pero lo que no da respiro es el virus que infecta a todo el planeta. Mientras todo eso sucede veo caer la cerveza desde el dispensador del bar, la espero un poco ansioso como aquél que espera su preciado regalo. La tarde afuera de a poco se va escondiendo, la gente circula poblando las veredas y las mesas vecinas hablan de muchas cosas a los que no les llevo el apunte.
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Antes de abrir el libro observo que su formato es pequeño y tiene una buena disposición de colores en la tapa y contratapa, lo verde de la mitad hacia arriba predomina y da un contraste visual que sugiere dinamismo.

Me sumerjo en el texto, el cual está dividido en tres secciones bien diferenciadas cuyo nombres son Punto de embarque, Unción y Breverías.

 La primera sección contiene siete relatos cortos que desnudan la naturaleza humana ante el comienzo de algo, ante la incertidumbre, ante el futuro y ante la lucha diaria de la existencia humana.

Por ejemplo en el relato titulado Punto de embarque puedo inferir eso que llamo el comienzo de algo, el narrador dice  “.../ A donde fui, allá me dejé perdido en el asombro: me hice de ausencias que se encuentran en bienvenidas, en lo que se fue de mí , en lo que también regresa, en el punto de embarque.../” Lo que duden las palabras, Punto de embarque, editorial Pandora, 2013, Guadalajara- México, pág. 7

Hago un alto en la escritura del texto y la mesa del bar me invita a dejar todo de lado, me ofrece sus placeres. Yo levanto la vista y la lectura del libro que tengo en mis manos me lleva a la tierra de Rulfo, al pulque de Sayula en una tarde de enero y también a los escritores Alejandro Zapa, Jorge Orendáin, Raúl Bañuelos, Ricardo Castillo, Felipe Ponce, Eugenio Partida, a las reuniones en los bares, a la Fuente, a la Mutualista de Agentes viajeros y al corazón grande de esos poetas.

Vuelvo los ojos hacia el libro y continúo leyendo el relato Pequeños Universos, el narrador dice “.../ Le regalé mis oídos a un prójimo y le devolví su voz al corazón; al final, escucharlo fue un ejercicio de esperanza mutua.../” Pág. 8  Palabras que invitan a lo que llamo pensar en un futuro.

 El siguiente relato titulado Primer Golpe personifica al miedo, a ese miedo que nos provoca no transitar caminos ni nuevos proyectos, a ese miedo que coarta el cumplir los sueños; el narrador dice “.../ Soy un boxeador cansado de mi sombra que suelta golpes al aire sin que ninguna campana suene entre rounds.../” Pág. 9 “.../ Desde la esquina observo: todo vuelve a empezar. Aprieto el protector bucal, estiro los brazos, veo al miedo levantarse de la lona, lanzo un primer golpe./” Pág. 10. Agrego también que en estas líneas está la idea de lo que llamo la lucha diaria de la existencia humana.

La cerveza no llega, la veo ir de copa en copa a las mesas aledañas pero ni caso le hacen a la mía. Insistentemente miro al dispensador que para mí no abre su boca, giro la cabeza y veo que las luces diurnas ya se apoderaron de la calle. La parte que puedo mirar me pinta el cuadro de un perro que hace lo posible por orinar en una pared que acaba de oler. Su paseante mira para otro lado y le alarga la correa para que se sienta un poco más libre. Los autos estacionados, las mesas en la vereda del bar completan un cuadro que contiene también un par de álamos que ya empiezan a dejar caer sus hojas. Es como si presintieran que está cerca otra vez el otoño.

El libro de Rodolfo Orozco continúa en mis manos y pienso en el tren de Lisboa y en el encuentro de su autor con el poeta Müller, después en el encuentro en calle Cendra, el quinto piso, el asado y la amistad como si siempre hubiéramos estados conectados. Pienso que la poesía tiene esos caminos insondables que hacen posible todo.

 En los siguientes relatos no encontraremos más de cuatro o cinco líneas, cito uno de ellos titulado Pastel en el cual el narrador le regala al lector la posibilidad de libertad, la alegría de tener el mundo por descubrir “.../ Llegó a casa después del trabajo, el pastel le esperaba con la familia reunida. Pidió su deseo, cerró los ojos y sopló tan fuerte que las velas que lo vieron partir. Aún le buscan mar adentro cada cumpleaños.../” Pág. 13

 La segunda sección del libro de relatos se titula Unción allí tiene tres relatos cortos que muestran la otra cara de la moneda de una actriz porno, el juego ingenioso de las iniciales que personifican caracteres humanos, no hay nombres ni especificaciones detalladas de los personajes pero los lectores sabemos que ellos circulan por la vida diaria. El narrador dice “.../ S era la recepcionista de la agencia de publicidad KP. B de burro era una de las diseñadoras triple a.../” Pág. 20

 La última sección nos entrega sus Breverías, textos que no exceden la línea de la página y de alguna manera esa escritura me lleva a compararla con los Periquetes de Arduro Suaves  estimado escritor que conocí en Guadalajara y el que me regaló algunas de sus creaciones que guardo con mucho cariño en mi biblioteca personal. Las Breverías de Rodolfo Orozco son como golpes certeros, pequeños apéndices para mostrar los dientes o pensar en la vida y la muerte. Por ejemplo el narrador dice “/ Traigo las pupilas delatadas /” Pág. 32,   “/ El acento es una coma que exclama una pausa al aire/” Pág. 33   “/ Adentro de la semilla está el árbol, el nido, el pájaro y la rama; la cuerda y la decepción las pone el colgado./” Pág. 36.

 Cierro el libro, no miro al dispensador tampoco a ese cuadro de la calle que cambia constantemente. Seguramente el camarero pensará que soy una molestia en su local de consumo desmedido. Mientras sostengo mi lapicera  escribo algo pensando en lo que  dice el escritor del libro, aprieto el protector bucal, me pongo en guardia, y veo al miedo que quiere levantarse. Estoy preparado para la contienda tiro la primera línea.  

 Luego me abstraigo y soy una hormiga en la mesa que ha terminado de leer el libro y que piensa que León Gieco sólo conoce a los otros Orozco; yo en cambio conozco al poeta,  yo lo conozco: Rodolfo Orozco, lobo como pocos, no troll, no osco, sólo rock. Celebro el encuentro y la llegada del libro a mis manos y también brindo por la escritura que corre por sus venas. 

Atilio Romano

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