Salvador Allende, a cincuenta años de su victoria

Historia 05 de septiembre de 2020 Por Facundo Hache
Medio siglo se cumple de la victoria de Salvador Allende, presidente del primer Gobierno socialista que llegó al poder a través de las urnas. El vecino trasandino inició el 4 de septiembre de 1970 un camino de Unidad Popular inédito.
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En ese entonces Chile solo tenía 8 millones de habitantes y el padrón electoral era de 3.539.747, ya que solo podían votar los mayores de 21 años que supieran leer y escribir.

La victoria de ese día solo estuvo marcado por un breve margen, ya que solo 39.000 votos separaban a Allende del segundo lugar, Jorge Alessandri quien representaba al Partido Nacional.

Ya desde enero de 1970, después de varios meses de incertidumbre, Salvador Allende fue designado candidato de la Unidad Popular (una coalición de seis partidos encabezada por comunistas y socialistas) para la elección del 4 de septiembre de aquel año.

Desde entonces recorrió sin descanso la geografía nacional, en la que fue la más breve de sus cuatro campañas presidenciales. Rompieron la parsimonia del verano austral las brigadas muralistas Ramona Parra (de las Juventudes Comunistas) y Elmo Catalán (de la Juventud Socialista), que pintaron su nombre de manera colorista e imaginativa en las paredes de todo el país.

Los acordes de la Nueva Canción Chilena, con Víctor Jara, Ángel e Isabel Parra, Inti-Illimani, Quilapayún..., llenaron de música la infinidad de actividades que la izquierda organizó a lo largo de aquellos siete meses.

Los rivales: 

Los adversarios de Allende eran el democratacristiano Radomiro Tomic y el derechista Jorge Alessandri (presidente entre 1958 y 1964), a quien casi todas las encuestas otorgaban la victoria, con alrededor del 40% de los votos, mientras que Allende y Tomic fluctuaban entre el 25% y el 30%.

A pesar de tales augurios, la derecha no dudó en reeditar la “campaña del terror” de 1964. Carteles con un tanque soviético ante el palacio de La Moneda volvieron a inundar las paredes, se reprodujeron en miles de octavillas, aparecieron como publicidad en los diarios: “En Checoslovaquia tampoco pensaban que esto sucedería...”, advertían. También recurrieron al terreno de las creencias religiosas, con mensajes como: “Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile, líbranos del comunismo ateo”.

El 1 de septiembre, Allende cerró su campaña con un gigantesco mitin ante cerca de un millón de personas (en un país que entonces contaba con diez millones de habitantes), que, organizadas en siete columnas, hacia las siete y media de la tarde inundaron las principales arterias de la capital chilena. “Era un espectáculo impresionante. La mayor parte no alcanzaba a ver, por supuesto, la plataforma, pero un sistema de altoparlantes transmitía las palabras del líder. Sus últimos comentarios fueron bastante moderados [...]. Sobre la Alameda se habían levantado varios estrados más pequeños en los que se presentaban diversos números de entretenimiento, sobre todo danzas y cantos folklóricos, salpicados de vez en cuando por un sketch satírico”, escribió el profesor norteamericano Michael J. Francis, testigo de aquellos días.

Un día para la historia: 

El viernes 4 de septiembre de 1970, algo más de tres millones y medio de ciudadanos mayores de 21 años y alfabetizados estaban llamados a las urnas. Curiosamente, Allende no pudo votar, ya que estaba empadronado en Punta Arenas (por cuya provincia fue senador electo en marzo de 1969), y por precaución descartó el viaje hasta el extremo austral. 

Después de desayunar su acostumbrado “café chico” –sin azúcar– y una manzana, a las once se dirigió a una comisaría de Carabineros para cumplir el mandato legal de justificar su abstención. De allí, se dirigió al Liceo 7 de Niñas para acompañar a su esposa, Hortensia Bussi, y a sus tres hijas (Carmen Paz, Beatriz e Isabel) en la votación. Numerosas personas le saludaron, incluidas dos monjas, quienes le estrecharon las manos y le brindaron unas palabras calurosas: “Estamos con usted”. Y, antes de salir del centro educativo, una profesora, Silvia Morales, le estampó un beso en la mejilla: “¡Venceremos, compañero Allende!”.

Salvador Allende que venció claramente en diez provincias, consolidó su victoria con los amplios margenes logrados en las regiones de la Gran Santiago y en las provincias con mayor concentración proletaria como: Arauco, Antofagasta, Concepción y Tarapaca. La votación de Allende fué tan solida que solo en Cautín fue inferior al 29% 

La vía chilena al socialismo o como se le conocía coloquialmente "la revolución con empanadas y vino tinto", contemplaba la ejecución del Programa de la Unidad Popular que se resumía en 40 puntos. Desde medidas tan revolucionarias como la nacionalización de las principales empresas del país (entre ellas, el cobre), hasta disposiciones adelantadas a la época, como el asegurar a cada niño y niña el consumo de medio litro de leche diaria, o la descentralización del acceso al arte a través de la creación de los Institutos Provinciales de Cultura.

Se trataba de un proyecto transformador e integral que no dejaba al descuido ningún aspecto del desarrollo social, económico y humano, que terminó violentamente tras mil días con el golpe de Estado encabezado por el genocida Augusto Pinochet.

Quienes participaron en el programa de gobierno o compartieron los ideales de la Unidad Popular, vivieron un cambio en sus vidas que los marcó para siempre. Medio siglo después, actores desde diferentes disciplinas y áreas del saber, relatan y recuerdan aquellos días y las transformaciones que ha sufrido el país, desde ese entonces.

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