Coronavirus: científicos de Cordoba se encuentran trabajando en una vacuna oral

Salud y Bienestar 12 de septiembre de 2020
“Estamos en fase preclínica pero vamos bien. Los resultados son auspiciosos", señaló el especialista cordobés que lidera el proyecto.
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Un equipo cordobés trabaja en una vacuna oral para la covid-19. El proyecto, liderado por el Investigador Superior del Conicet Hugo Luján, se halla en fase preclínica ya que la fórmula está siendo probada en ratones. A pesar de que, gracias a sus características, se ofrece como una oportunidad promisoria, todavía resta un largo trecho para que inicien los ensayos clínicos en humanos. La semana pasada conversó con una radio FM y el diálogo fue titulado “Argentina ya tiene la vacuna oral del covid-19 y no se la tiene en cuenta”. Con el título explosivo, la noticia falsa se viralizó por redes sociales: solo en Facebook fue compartida más de 30 mil veces y recibió miles de comentarios. Despejado el error, el referente del Centro de Investigación y Desarrollo en Inmunología y Enfermedades Infecciosas (Cidie) de la Universidad Católica de Córdoba, narra los detalles de su trabajo.

Fase preclínica: 
En el mundo hay más de 170 proyectos de vacunas para combatir el Sars CoV-2 registrados por la OMS. De ellos, solo un puñado se encuentran en fases clínicas en humanos y la mayoría atraviesa etapas preliminares. En Argentina, además de la de Luján, hay dos líneas más de desarrollo: una que está siendo llevada a cabo por investigadores e investigadoras de la Universidad Nacional del Litoral y otra dirigida por Juliana Cassataro, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad de San Martín.

Luján trabaja con Giardia lamblia, el parásito intestinal estrella desde 1992. “Luego de mucho trabajo, recién en 2008 descubrimos un mecanismo molecular que tienen estos bichos para evadir la respuesta inmune y producir enfermedades crónicas y recurrentes. Dos años más tarde publicamos un trabajo en Nature, en que contábamos el desarrollo de una vacuna oral contra el parásito”, señala Luján. 

Giardia habita el intestino superior y es la única célula que no puede ser destruida por la acción del sistema digestivo. En contraposición a ello, tiene la capacidad de sobrevivir en condiciones adversas por mucho tiempo. “Pensamos que las proteínas de las superficie del parásito podrían servir como vehículo de traslado de otras proteínas para vacunas diversas. En 2018, desarrollamos una de tipo nasal para Influenza (gripe) en ratones de laboratorio y tuvimos excelentes resultados, ya que no se morían luego de recibir las dosis”, describe. Este último trabajo fue publicado en la revista Nature Communications al año siguiente.

Hacia principios de 2020 su equipo estaba trabajando en una vacuna oral para el virus sincicial respiratorio –que causa la bronquiolitis– y para diseñar opciones que dieran pelea a otros patógenos como el hantavirus y el dengue. “Como confiamos en que nuestra plataforma vacunal era buena nos lanzamos a realizarla para coronavirus. Nuestra propuesta, además de oral, es inmunogénica, con lo cual, no se necesita agregar adyuvantes para potenciar la respuesta inmune en el organismo de las personas”, explica.

“Se forma una especie de cápsula pequeña protegida por las proteínas del parásito intestinal, a la cual se le puede agregar cualquier otro componente del patógeno. En la superficie de las cápsulas se expresa la proteína S (Spike, la llave de ingreso a las células humanas) y en su interior también transporta otras moléculas menos famosas del Sars CoV-2, pero que sirven para estimular la respuesta inmune y acabar con la infección”, añade. Una ventaja adicional, dice Luján, es que al no ser inyectable, podría ser suministrada sin la necesidad de personal adiestrado. El Investigador Superior lo narra con una metáfora: “Se podría tirar en el medio de la jungla con una instrucción de cómo hay que administrarla y listo”.

El esquema vacunal emplea un parásito del intestino, algo poco usual. "Es un órgano que nunca pudo ser utilizado para vacunar porque todo se degrada, se rompe, se digiere en su interior. Por este motivo es que casi no existen vacunas orales. De aquí que la nuestra sea tan original porque descubrimos que el intestino delgado superior es capaz de generar una respuesta y una inmunidad muy potente”, subraya Luján. La vacuna, luego de ser ingerida por vía oral, no se degrada y además genera defensas, tanto de anticuerpos como de linfocitos T.

Todavía falta mucho, pues de la fase preclínica a los ensayos en Fase III con humanos (que realizan AstraZeneca, Pfizer y Sinopharm entre otros laboratorios) hay un largo trecho. “Estamos en fase preclínica pero vamos bien. Los resultados son auspiciosos. El próximo paso será probarla en ratones con obesidad y diabetes, porque hemos recopilado mucha información que apunta a que estos grupos tienen peores experiencias con la covid-19. Falta mucho, es cierto, pero también es verdad que el que te dice hoy que tiene lista una solución efectiva miente. Ya vimos lo que sucedió con Oxford que debió paralizar sus ensayos”, sostiene Luján.

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