No dar la cara, implica una carencia para asumirse

Salud y Bienestar 25 de octubre de 2020 Por Graciela Taffarelli
"No dar la cara", puede implicar un acto de cobardía, de inseguridad o de desconsideración hacia los demás.
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Cuando alguien ejerce esta actitud de manera constante, puede provocar desconcierto, enojo, impotencia, etc., en su entono.

Quien no “da la cara”, ante una equivocación, conflicto, expectativa generada, es una manera de evadirse y no afrontar las consecuencias de sus acciones, tiene cierta incapacidad por un lado para reconocer su faltante, y por otro lado para aceptar las responsabilidades que le competen.

Estas personas suelen minimizar la situación en conflicto, intentando justificarse, se evaden de todo tipo de réplica, dejándole a menudo a la otra parte, la resolución de lo que ha gestado.

Habitualmente estas personas, suelen manifestar dicha actitud, en la mayoría de sus vínculos, ya sea en la pareja, con quienes comparte algún proyecto en común, con la familia, etc.

Esto genera un conflicto en sus relaciones y al momento de asumir o distribuir responsabilidades o dar repuestas, desaparecen.

¿Porqué “no dar la cara”?

La carencia personal para responsabilizarse por aquello que se ha provocado, habla de cierta inmadurez para afrontar las situaciones. Hay quienes navegan entre sentimiento de vergüenza, desconsideración hacia el otro, desinterés, temor e inclusive de poca confianza en sí mismo.

Cuando alguien recurre de manera habitual a esta estrategia, probablemente nos encontremos ante una persona manipuladora, que realiza distintos intentos, algunos conscientes y otros quizás no tanto, para dejar a las personas en una situación “pendiente”. Estas actitudes reiteradas, pueden ser recibidas en su entorno, como “una estafa moral”. Lo que se le había confiado no solo que no es o no está, sino que además no hay intención de dar explicaciones al respecto, ni realizar acciones que compensen, ya que no puede aceptar la implicancia que tiene sobre los hechos.

Reconocerse como responsables de las decisiones que se toman y de las acciones se realizan, es una construcción que comienza en la infancia entre los vínculos primarios, a los que se van sumando distintas experiencias, al igual que las características de personalidad

 Como recibe el entorno la actitud de alguien que “no da la cara”.

La desconfianza suele impregnarse alrededor de las personas evasivas con quienes suelen relacionarse e interactuar y denotan este tipo de actitud, ante las no respuestas y el esfumarse, de algunos. Suele crecer el fantasma de que “algo se oculta”.

También pude generar sentimientos de impotencia por no poder siquiera debatir la situación o resolverla.

Puede dejar a las personas en una situación de dependencia, en la espera de tener “la oportunidad para aclarar”.

Sentimiento de descalificación también suelen aparecer, al sentirse ignoradas.

¿Cómo resolver con quienes no afrontan lo propio?

Es necesario comprender que cuando un individuo responde a menudo de esta forma, es un hábito que tiene incorporado. Quien se relaciona con gente que posee estas características, posiblemente deba comprender que las resoluciones estarán solo en sus manos. Que sostener el reclamo o la demanda sobre la no responsabilidad, solo las dejará pendientes de las respuestas que esperan, corriendo el riesgo de ser manipuladas.

 Poder ver la realidad y soltar lo que no se puede sostener puede resultar liberador. cuando los cierres no vienen de la mano de quien provoca esas situaciones negativas, el “fin de fiesta”, necesariamente, lo debe proponer la parte afectada.

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Graciela Taffarelli.
Consultora Psicológica.

Graciela Taffarelli

Nacida el 14 de abril de 1960 en C.A.B.A.
Consultora Psicológica. Especialista en desarrollo personal.
Fundadora del Movimiento Contagiar Salud.
Docente.
Comunicadora en medios.

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