Si ellos son la patria…

Historia 20 de junio de 2021 Por Joaquín Sarmiento
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En general, los historiadores profesionales, esto es: quienes tuvimos una formación universitaria en Historia, solemos ver con relativa condescendencia las celebraciones patrias. No es, naturalmente, la misma vara con la que se debe juzgar a un entusiasta que a un académico y en este sentido puede uno sentirse inclinado a disculpar anacronismos y violencias retóricas que, esperamos, se compensen con un renovado interés por el objeto que nos desvela: nuestra historia. 

Pero intentar reducir el enorme proceso geopolítico que implicó la disolución de los imperios atlánticos entre fines del siglo XVIII y principios del Siglo XIX no es inocuo. Implica la profundización de sesgos ideológicos que dificultan la comprensión de nuestro pasado y limitan nuestras opciones de futuro. Pretender que un hombre grande, un salvador militar, apropiado por la izquierda en la reivindicación de su representación de los sectores populares y por la derecha por su origen familiar, puede explicar la disolución del Imperio Español, es, en el mejor de los casos, inocente. Cuando Güemes nació, Argentina no existía. Cuando Güemes murió, tampoco.

El Güemes triunfal (el del revisionismo hegemónico en sus dos variantes: de derecha e izquierda) rehúye la construcción colectiva, y los largos procesos sociológicos que explican mejor los cambios sociales. Impone un modelo de organización en la que los protagonistas aparecen como actores de reparto frente al hombre fuerte. Refuerza la creencia, de que la guerra de independencia significó, fundamentalmente, un enfrentamiento con una potencia extranjera y profundiza, además, la idea del excepcionalísimo salteño en confrontación perpetua con un centro tentacular (sin detenernos en considerar el origen de nuestros recursos). Un nacionalismo de estancia. 

La explosión de color en estos días no nos puede hacer olvidar el hecho fundamental. Lejos del cenáculo de historiadores e historiadoras profesionales, la historia no le importa a nadie. Lo que importa, sigue importando (incluso entre los pretendidos militantes de la antipolítica) es la Política. Las interpretaciones que se hacen sobre el pasado aspiran a justificar una posición política que no es el resultado de la investigación en sí, si no que viene dada a priori y se mantiene inconmovible a la evidencia: es una ideología. El éxito editorial de autores como Pigna responde esencialmente a este hecho. Queremos saber a qué lado de la línea ideológica que trazamos en nuestras cabezas se sitúan los “Prohombres”: Buenos o Malos, Héroes o Villanos, Peronistas o Liberales.

La disputa por Güemes obedece a esta matriz de pensamiento. Lo que indigna a los pequeños hombres de la política provincial que quieren desagraviar a Güemes por la presencia de sectores populares politizados, es la apropiación que desde la izquierda se pretende hacer del Héroe. Expuestos ante la posibilidad de realizar un gesto patriótico, postergando el desfile por la emergencia sanitaria, optan por el fetichismo de la fecha.

Las explicaciones complejas (las verdaderas explicaciones) no movilizan pasiones. Pero son absolutamente imprescindibles para construir una alternativa política realista, basada en evidencia científica. Si queremos un mejor futuro para nuestros hijos, necesitamos más y mejor ciencia social.

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