Zitarrosa, un mito que fue símbolo artístico de la resistencia

Murió en 1989 a los 53 años de peritonitis, grabó 25 discos en su carrera, su vida estuvo marcada a cada paso, por una fuerte condición humana y la resistencia a las dictaduras latinoamericanas de la decada de los 70.
Zitarrosa

Símbolo del arte como resistencia  a las dictaduras latinoamericanas de la década del ´70, falleció el 17 de enero de 1989,  a los 53 años, a causa de una peritonitis. Con la muerte de Zitarrosa, nació uno de los grandes mitos de la música uruguaya.  Antes de ser cantor, escritor y periodista, el uruguayo fue, un hombre de mil oficios, durante su carrera grabó 25 discos.

Hoy  un nuevo aniversario de su muerte, repasamos tres trabajos que lo marcaron en el comienzo de su vida.  Un episodio  sintetiza su pensamiento, las convicciones y la condición humana de Alfredo Zitarrosa. Sucedió a finales de los años sesenta, cuando abrió: La claraboya amarilla, un restaurant de cierto nivel que ofrecía, como novedad, números artísticos de autores uruguayos.

El emprendimiento duró apenas unos meses, menos de un año,  al final la economía del proyecto se tornó insostenible, Alfredo, que empezaba a consolidar su letra y su voz, se encontró con una huelga impulsada por los mozos del restaurant,  "lo insólito no fue la huelga en sí, sino que, ante el desconcierto y la desesperación de nosotros, el instigador de esa medida de fuerza fue el propio Alfredo”, describió Jorge Durán, uno de sus socios en La claraboya amarilla, en el libro Cantares del alma,  de Guillermo Pellegrino. 

Y cuando el local cerró, ahogado por sus números en rojo, Alfredo asumió toda la responsabilidad: “Ustedes se quedan con las pertenencias, y yo me quedo con las deudas”, les dijo.  Y así fue.

A los once años, cuando vivía en el pueblito Santiago Vázquez, en el departamento de Montevideo. Alfredo Zitarroza cobró por su primer trabajo:  fue por revolver la cola vinilica en una carpintería, el carpintero, Chichito Viera le pagó con un escritorio de pinotea,  “Me llevó a trabajar como aprendiz, y para empezar me ponía a revolver la cola en la puerta del taller. Me enseñó a cepillar, a calafatear, recordó en algún momento Alfredo.

Los años en Santiago Vázquez fueron trascendentales para Zitarrosa, fue allí donde incorporó algunas  costumbres de campo que luego volcaría a sus canciones,  también allí  aprendió a pescar, algo que lo acompañó hasta su muerte. “Es una cosa importante en la vida; enseña a saber aguardar”, remarcó alguna vez.  Los días de pesca se daban en el puente que cruza el río Santa Lucía, un escenario que años después fue retratado en la milonga El loco Antonio, dedicada a la vida del comunista del pueblo, Enrique Antonio Dotta, al que Alfredo admiró siempre en silencio.

Siendo un adolescente de 17 años, atendió una llamada en su casa, su voz impactó al hombre que estaba del otro lado del teléfono, que le comentó que podía hacerlo entrar en Radio Ariel, donde tenía varios amigos. Zitarrosa aceptó el ofrecimiento y fue a hacer una prueba a los dos días, quedó contratado al instante. 

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