El enojo nos dice: “algo hay que cambiar…”

Salud y Bienestar 16 de mayo de 2020 Por Graciela Taffarelli
El enojo es una emoción básica, que cuando se aprende a gestionar, ofrece información valiosa acerca de aquello necesita ser atendido y puede colaborar para re-direccionar acciones que resuelvan.
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El enojo es una de las emociones básicas que puede manifestarse con distintas intensidades que podrían llevar a las personas a sentir desde un malestar leve hasta un estado de furia.

Habitualmente se habla de una emoción desagradable, y sería bueno poder distinguir entre el hecho de que sea una emoción desagradable en sí misma, y lo desagradable que una persona se puede sentir cuando se encuentra enojada.

El enojo, generalmente puede revelarse en una persona, cuando se siente frustrada, agredida, desvalorizada, cuando algo o alguien se interpone ante lo que quiere alcanzar, cuando vivencia lo injusto, etc.. 

También hay personas en las que fácilmente se impregnan esta emoción y actúan de manera desmedida, con un alto grado de tensión, variando intensidades que pueden significar también la manifestación de acciones agresivas o violentas.

Reconocer el enojo, ayuda a gestar el cambio necesario para alcanzar el propio bienestar.

Enojarse, mas allá del malestar que genere, puede resultar beneficioso. En ocasiones, esta emoción puede estar mostrando el límite propio. Cuando la persona logra tomar conciencia de su enojo, y mas aún, descubrir cual es la situación o acción que le provoca este sentir, identificando así el problema, puede comenzar a orientar pensamientos y acciones para generar respuestas que puedan aliviarla, utilizando el mismo tono que le provoca el hecho de ofuscarse.

Se puede afirmar que el enojo se alivia, en la medida en que la persona puede resolver aquello que se lo provoca.

El enojo y los vínculos.

Cuando el enojo de alguien resulta inadecuado, desmedido, constante e intenso, es probable que sus vínculos se vean afectados. Muchas personas son tildadas de malhumoradas en su entorno, como una característica de su personalidad inevitable y constante. Esto no solo limita y condiciona las formas para relacionarse, sino que, además, termina siendo una creencia de esa persona que finalmente acepta de tal modo, que no le permite gestionar un cambio favorable. Nada peor que una mala imagen de sí mismo, para quedar atrapado en “su propia jaula.” 

Cuando el enfado se hace consciente y se gestiona de modo que la persona pueda plasmar en su entorno el motivo y las posibles acciones para aliviar su malestar, entonces esa emoción habrá resultado positiva porque fue la suficiente alarma que motivó a la persona a “resolver”.

No resolver enojados.

Una cosa es que alguien identifique que se siente irritado, y otra cosa muy diferente, es que   resuelva con ese mismo impulso. Poder hablar de aquello que disgusta, establecer opciones o acuerdos con quienes estén implicados en ese sentir, ofrece un camino auspicioso para la construcción del bienestar nos solo propio sino también el compartido.

Cuando se silencia o se reprime lo que enoja, puede incrementar la tensión y el malestar, e incluso llegar a configurarse en el tiempo, un resentimiento.

El decir, siempre brinda nuevas oportunidades para posibles soluciones.

Cuando se deja la “puerta abierta”, para que el cólera se exprese, mediante palabras y/o acciones, posiblemente se provoque un daño consciente o inconsciente al otro. 

Partiendo de la idea que la mayoría de las personas tienen la capacidad para frenar los impulsos que lastimen a alguien y ayudarlos con ciertos pensamientos que colaboren para encausar lo que la ira provoca, se puede tener presente que algunas veces poner un paréntesis y revisar lo que acontece, puede resultar favorable para el vínculo.

Respirar profundo, proponer una pausa, salirse de la escena que enfurece, declarar que el tema será atendido cuando la escucha de ambas partes esté presente, etc., pueden ser algunas de las alternativas que resulten eficaces para resolver desde una convicción o una certeza.

Reconocer nuestro enojo, nos brinda una información valiosa de nosotros mismos, sin embargo, para resolver es necesario que recuperemos la calma, solo así estaremos colaborando con el bienestar propio.

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Graciela Taffarelli
Consultora Psicológica.

Graciela Taffarelli

Nacida el 14 de abril de 1960 en C.A.B.A.
Consultora Psicológica. Especialista en desarrollo personal.
Fundadora del Movimiento Contagiar Salud.
Docente.
Comunicadora en medios.

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