Advierten sobre las consecuencias psíquicas de la crisis económica

Salud y Bienestar 05 de septiembre de 2019 Por AnaVic
Se observan más casos de trastornos de ansiedad, tal como sucedió en 2001. Alertan sobre riesgos de rebrotes o nuevas patologías en pacientes con cierta predisposición.
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El resultado electoral generó consecuencias de todo tipo en una Argentina que ya tiene cierta gimnasia en los vaivenes políticos y económicos.

Pero las crisis también resultan costosas en términos más intangibles en lo que tiene que ver con los daños a la salud, que pueden ser agudos o arrastrarse en el tiempo.

Pueden tener impacto psicológico y también en todo el organismo. Incluso pueden generar rebrotes de patologías o disparar otras en personas que poseen cierta predisposición.

La psicóloga Andrea Casali (MP 092), especialista en trastornos de ansiedad, dijo que en los últimos meses aumentaron de manera significativa las consultas por desbordes, pánico, depresión por agotamiento y otras patologías asociadas.

Una situación similar, recordó la especialista, ocurrió durante la crisis de 2001. Es que pocas situaciones resultan más angustiantes que los eventos económicos que golpean en el bolsillo de las familias.

Y aparecen, así, numerosas sensaciones corporales asociadas, tales como sudoración, irritación o taquicardia, hipertensión e hipotensión arterial, malestares gástricos, cefaleas, diarreas, que canalizan esa tensión en el cuerpo.

Claro que a nivel psíquico, los cimbronazos económicos tampoco resultan gratuitos en términos de nuestra salud: insomnio, angustia, depresión, miedo y ataques de pánico, por ejemplo, suelen ser moneda corriente.

La angustia y la ansiedad bajan las defensas psíquicas y físicas y, de este modo, las personas tienen mayores posibilidades de enfermarse. Y hay más: las pérdidas económicas llevan muchas veces al alcoholismo y a otras adicciones.

La doctora Julieta Mena (MN 128.366 / MP 2.806), especialista en Psiquiatría, coincidió con Casali en que existen herramientas que ayudan a no perder la calma y a hallar la mejor manera de transitarlas.

Mena consideró que nuestro país ha vivido innumerables situaciones similares; que las crisis son acotadas y que no duran eternamente. Por lo tanto, debemos transitarlas de la mejor manera posible o con los elementos que tenemos al alcance para una adaptación a la situación, dijo.

“No vamos a poder modificar el medio, pero sí, en cambio, decidir cómo cada uno responde y se adapta”, advirtió, para sugerir que si, eventualmente, la persona se siente sobrepasada, fuera de control y marcadamente afectada en su vida diaria, puede pedir ayuda a un profesional de la salud mental.

Casali, por su parte, recordó que adaptarse no es acostumbrarse a la crisis, pero tampoco normalizar la inestabilidad. Por eso, aconsejó, en la medida de lo posible debemos utilizar herramientas para mitigar la angustia y la frustración.

Ese predominio de emociones negativas hace que no tengamos la percepción más adecuada sobre el presente y el futuro, explicó. “Vemos la situación con los lentes del dolor, del sufrimiento, de la tragedia máxima, del sin salida”, enumeró.

Si hay una emoción negativa, la gente se entrega y tiene menor resistencia. A nivel cognitivo, esto crea una preocupación excesiva, angustia, quita tranquilidad y encajona a la persona a tener una “visión negra” del país. “Ante realidades tan duras, es saludable tomar distancia por unos momentos de la situación, lo que no quiere decir divorciarse de los asuntos que ocurren alrededor”, diferenció.

En definitiva, instó a hacer el esfuerzo por entender que tomar un recreo mental, ya sea estudiando, viendo películas, compartiendo momentos con amigos, estar en contacto con la naturaleza, hace algo más tolerable la situación.

“Alejarse es una forma de resguardarse, preservar espacios de normalidad en la rutina dentro de la crisis y también representa una forma de cuidarnos”, aseguró.

Agregó que no es recomendable permanecer todo el tiempo involucrado en la situación de crisis y tampoco es sano --aclaró-- alejarnos y vivir ensimismados sin considerar el contexto que nos rodea.

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