Día de la niñez en pandemia.

Salud y Bienestar 15 de agosto de 2020 Por Graciela Taffarelli
La niñez también está afectada con el confinamiento social, los adultos somos los encargados de colaborar para que esta experiencia de vida se sume a la capacidad de resiliencia de los niños y niñas.
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El confinamiento que transitamos, a puesto a la niñez en una situación especialmente significativa y exclusiva.

La infancia en estos tiempos que corren, viene sorteando un sinfín de situaciones que la frustra, la angustia, e incluso atenta contra su saludable desarrollo.

Los niños y niñas desde el despliegue de esta pandemia, son los espectadores silenciosos o bulliciosos de cada uno de los escenarios que acontece en los hogares. A los pequeños también “les cambió la vida” y en muchos casos, se ha llegado al punto de no poder ofrecerles los espacios esenciales y vitales para su desarrollo.

La niñez en pandemia, también quedó atrapada en un encierro que no comprende, y algunas veces los asusta. Los niños pueden ver en los rostros de sus adultos significativos, la preocupación, el temor, la angustia, pero no cuentan con recursos emocionales o físicos para aliviarse colaborando con pensamientos o acciones.

Los pequeños, se quedaron sin sus amigos, compañeros de colegio, primos, en definitiva, sin sus pares, salvo con aquellos con quienes conviven.

Se quedaron sin el espacio físico de la escuela o el Jardín de Infantes, sin los espacios al aire libre, o recreativos.

A muchos aún les falta el abrazo de muchos de sus seres queridos, entre los cuales el de los abuelos posiblemente sean los que más extrañan.

Por mas de 145 días, los niños y niñas con las rutinas cambiadas, han quedado sin muchos de los aspectos mas importantes para su desarrollo psico-físico, sin embargo, a diario con su corta edad muestran la maravillosa capacidad de resiliencia, se acomodaron con los nuevos dispositivos y formatos de vida que el covid-19, impone. 

Los niños y niñas no han perdido la sonrisa, la capacidad de juego “puertas adentro”, la creatividad y espontaneidad que los caracteriza. Muchos de ellos han sido en sus hogares la magia de cada día y el aliento para quienes debía llevar la gran cruzada adelante.

Cuidemos a la infancia.

Muchos pequeños a tantos días de encierro, y quizás a estas alturas, habiendo vivido algunas experiencias cercanas de enfermedad, pueden manifiesta temores para salir a la calle, alteraciones en el sueño, alteraciones en el control de esfínteres, cambios significativos de humores, miedos infundados, alteraciones en la ingesta, etc.

Establecer para los pequeños rutinas regulares de sueño y vigilia, horarios para la ingesta, como ofrecerles preparar alimentos en familia, organizar los espacios de escolaridad virtual, para que dentro de las posibilidades del ambiente los niños se sientan predispuestos a concentrarse y participar, permitirles momentos de libertad para el juego, dialogar de lo que acontece en familia, recibir sus comentarios sus dudas, sus manifestaciones y ayudarlos a construir la seguridad y confianza que necesitan para seguir hacia adelante y conceptos que se relacionen con este gran acontecimiento que afecta a la humanidad y la necesidad de aprender a cuidarse, a cuidar a otros y al entorno.

Darles a los niños y darse las oportunidades para expresar el afecto, no solo con las personas que conviven, también estimular encuentros, virtuales, no muy extensos, también con distintas propuestas que los mismos niños pueden recrear, según las edades de los pequeños,  con otros integrantes de la familia y los amigos y/o amigas, puede resultar un gran estímulo para estos tiempos.

Sería importante generar oportunidades al aire libre, patio, jardín, etc., el contacto y cuidado de las mascotas de la casa, como así también solicitarles la colaboración en aquellas rutinas de la vida cotidiana, en la que puedan cooperar, son actividades que también suman a la dinámica del día, y ayudan notoriamente a mantener la buena animosidad de los niños.

En vísperas de un “día del niño”, único, que posiblemente dejará huella en cada uno de los que lo transitan, tengamos los adultos una mirada especial para la infancia, una mirada que implique acciones de responsabilidad, cuidado y de amor. 

Ellos y ellas en su pequeñez, esperan y merecen lo mejor de los que hoy tenemos la responsabilidad y la esperanza de su futuro.

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Graciela Taffarelli
Consultora Psicológica

Graciela Taffarelli

Nacida el 14 de abril de 1960 en C.A.B.A.
Consultora Psicológica. Especialista en desarrollo personal.
Fundadora del Movimiento Contagiar Salud.
Docente.
Comunicadora en medios.

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